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HITOS DE LA HISTORIA


La página HITOS desarrolla en más profundidad sucesos que ocurrieron en Chile entre 1973 y 1998, y que de alguna forma u otra caracterizan ciertos períodos importantes en esta historia.

Cada uno de estos hitos ha sido destacado en la cronología, ofreciendo otra forma de entrar a esta página.

11 de septiembre de 1973: Golpe Militar
Desaparecidos de Lonquén
Mayo de 1983: Primera Protesta Nacional
Informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación
Marzo de 1998: Pinochet al Senado




11 DE SEPTIEMBRE DE 1973 - EL GOLPE MILITAR


La llegada de los militares

La Moneda en llamas El 11 de septiembre de 1973, las cuatro ramas de las Fuerzas Armadas, encabezadas por el Comandante en Jefe del Ejército, General Augusto Pinochet, derrocaron violentamente al gobierno constitucionalmente elegido del Presidente Salvador Allende, marcando el inicio de 17 años de régimen militar en Chile. Con la misión de "reencausar al país por la senda de la libertad y la ley" el régimen militar inmediatamente se embarcó en una "caza de brujas", arrestando y tomando presos a cientos de simpatizantes del gobierno de Unidad Popular de Allende y a miembros de otros partidos políticos de izquierda, así como a individuos que se creía estarían adscritos a éstos.

El Golpe con sus inesperadas y sangrientas consecuencias, pone abruptamente fin a un período relativamente largo de régimen constitucional en Chile y sienta el escenario para un régimen autoritario de facto que sería sostenido por la fuerza hasta 1990. Desde 1973 hasta 1990, y particularmente en los primeros años del régimen militar, las violaciones a los derechos humanos fueron ampliamente recurridas y sistemáticas. Éstas incluyeron arrestos arbitrarios, allanamientos a casas particulares, ejecuciones ilegales, tortura, prisión, relegaciones, y exilio.

Un gobierno bajo ataque

"Incorporándose y sacudiéndose el polvo que le cayera, Allende preguntó si había algún herido. En el grupo que le acompañaba estaban todos ilesos, aunque el bombardeo había aniquilado a los GAP que se encontraban en algunos lugares de la Presidencia. Lo peor de la veintena de cohetes arrojados por los Hawker no era tanto la explosión en sí misma, sino el incendio y la onda expansiva que tras el estallido avanzaba por los pasillos, reventando cristales y arrancando puertas de cuajo."

La Moneda, el edificio del gobierno chileno, se encontraba bajo ataque. A las 11: 52 a.m. la Fuerza Aérea empezó el bombardeo del Palacio presidencial mientras el Ejército atacaba con sus tanques . Durante los próximos veinte minutos, aviones Hawker lanzaron 20 proyectiles al corazón del edificio de gobierno, reduciéndolo a una pila ardiente de escombros.

El Presidente Salvador Allende, unos cuantos de sus asesores más cercanos y algunos guarda espaldas, se habían apresurado a La Moneda temprano esa mañana para investigar informes de un sospechoso movimiento de tropas en Valparaíso. (lea testimonios)

No era la primera vez que circularan rumores sobre un plan para derrocar al gobierno socialista que había sido democráticamente elegido, pero ésta parecía ser la mayor rebelión hasta aquel entonces. Inicialmente, se pensó que se trataba de un levantamiento de facciones minoritarias dentro del Ejército y la Naval. En la medida que la mañana progresaba, sin embargo, quedó de manifiesto que Allende no contaba con ningún aliado entre los líderes de las Fuerzas Armadas.

El Golpe era inevitable.

En los momentos previos a que los Generales a la cabeza dieran la orden de iniciar el ataque contra La Moneda, insistentemente demandaron que Allende se rindiera, ofreciéndole una salida segura del país a él y a su familia. Allende se negó a ceder y en lugar de ello, organizó la resistencia desde el interior de La Moneda, evacuando del edificio a tanta gente como le fue posible y enviando a sus más altos colaboradores a negociar con los líderes militares.

Poco antes de morir, usando la única radio aún en el aire, Radio Magallanes, Allende entregó su último desafiante mensaje a la nación, en el cual ofrece su propia vida en defensa de su derecho a gobernar.

Durante el 11 de septiembre y el día siguiente, los militares lograron establecer el control absoluto de todo el territorio chileno.

Una brutalidad inesperada

"Los militares nos engañaron a todos, porque creíamos que (el golpe) era la restauración de la democracia y eso resultó falso. Pero nosotros no podíamos creer que era falso...Todos estábamos engañados porque creíamos que era por la libertad y la democracia."

(Cardenal Silva Henríquez, en La Memoria Prohibida, 1989)


"A las Fuerzas Armadas chilenas se atribuyó desde mucho tiempo atrás una "tradicional actitud apolítica." Pero esa supuesta actitud de "fidelidad a la Constitución" tuvo siempre sus límites y cesaba cada vez que había que proteger los privilegios de la clase dominante. También el ejército chileno probó siempre ser un brutal instrumento de la dominación de clase."

(Chile: Libro Negro, 1974)


"Por sobre todo estamos conscientes y alegres de poder vivir con seguridad de que no seremos asesinado a mansalva y sin motivo, de que nuestros hijos vuelvan a estudiar sin que nadie se adueñe de sus mentes, de que nuestras esposas no serán golpeadas, insultadas o masacradas. Y, por último, felices de poder aportar todo lo que cada uno es capaz para que nuestra Patria siga siendo libre y soberana, como antes de que cayera sobre nosotros la maldición del experimento marxista y la ignominiosa lacra de un gobierno corrompido y traidor."

(Libro blanco de la ingeniería chilena, en La Memoria Prohibida, 1989)


Existen, inevitablemente, interpretaciones muy divergentes en cuanto a cómo las tradicionalmente apolíticas Fuerzas Armadas chilenas habrían llegado a propinar semejante golpe a su propio gobierno.

Dejando de lado el análisis político, hay un hecho indiscutible sobre el golpe militar de 1973 - nadie imaginó que la dictadura sería tan sangrienta y tan duradera.

Un punto de vista convergente entre los estudiosos de América Latina, era que las Fuerzas Armadas chilenas habían sido leales y habían apoyado la supremacía civil desde, por lo menos, la Guerra civil de 1891, la cual resquebrajó la unidad de las Fuerzas Armadas, y terminó con la expulsión del Presidente José Manuel Balmaceda. Los militares raramente intervinieron en la arena política después de eso, y cuando lo hicieron, fue en forma mínima.

Éstos eran los militares que todos los chilenos conocían o creyeron conocer. Eran los mismos militares a los que tantos chilenos, algunos de los cuales apoyaron inicialmente el golpe, le perdieron confianza rápidamente, una vez que los horrores del nuevo régimen se hicieron evidentes.

El liderazgo del Partido demócrata-cristiano, por ejemplo, que públicamente apoyó el golpe militar en un principio, lo haría sólo para revertir su posición algunos meses más tarde, cuando el triste récord en derechos humanos ya no podía ser ignorado.

Perspectivas encontradas

Tasas inflacionarias a nivel de récord mundial (238 por ciento a mediados de 1973), largas colas para adquirir comida, huelgas, un mercado negro fuera de control, corrupción y una creciente polarización de las posturas de izquierda y de derecha, eran la norma durante los meses previos al golpe. Correcta o equivocadamente, muchos chilenos clamaban por cambios drásticos. Sin poder prever las consecuencias de una intervención militar, algunos grupos vieron los acontecimientos del 11 como una oportunidad para rescatar a un país al borde del colapso económico y la guerra civil, argumento que más tarde fue recurrente en los primeros textos de los decretos legales de la Junta.

Aquellos que explícitamente se opusieron al golpe desde un principio, eran principalmente los partidos políticos de izquierda, tanto los que formaron parte de la Unidad Popular, como otros, incluyendo a un pequeño grupo disidente de demócrata-cristianos. Más allá de interpretar el golpe como consecuencia de la ruptura del tradicional consenso político y de verlo como una solución al "caos" económico y social, muchos de estos sectores lo interpretaron como "la última carta" jugada por las fuerzas conservadoras para derrotar la única experiencia de revolución socialista en democracia, en América Latina. Argumentan que la derecha chilena aliada con intereses norteamericanos, no pudo derrotar a Allende mediante elecciones, sabotaje económico o la ayuda encubierta de la CIA. Por lo tanto, estos intereses acudieron a la única opción restante: la intervención militar.







LOS HORNOS DE LONQUÉN


Un descubrimiento estremecedor

"Trozos de cráneos amarillentos, con huellas de cuero cabelludo; pelos sueltos, negros; ropas desgarradas en las que se reconoce un blue jeans, un chaleco de hombre."

(Palabras del subdirector de la revista Hoy, Abraham Santibáñez, al describir los restos humanos encontrados en los hornos de Lonquén, 30 Nov. 1978, Memoria Prohibida.)


Era lo que quedaba de 15 hombres detenidos en distintas circunstancias el 7 de octubre de 1973 en la comunidad rural de Isla de Maipo, cuyos rastros se perdieron hasta fines de 1978, cuando se descubrieron los hornos de Lonquén.

Este hallazgo, que estremeció la opinión pública, marcó un doloroso hito para los familiares de los centenares de detenidos - desaparecidos, víctimas del régimen militar: confirmó la terrible sospecha de que sus parientes estaban definitivamente muertos. El régimen ya no podía continuar aseverando que - tal como lo dijo el 7 de noviembre de 1975, el delegado de Chile ante las Naciones Unidas Sergio Diez en la Tercera Comisión de la Asamblea General de aquel organismo - "muchos de los presuntos desaparecidos no tienen existencia legal."

Sergio Maureira Lillo y sus cuatro hijos, Rodolfo Antonio, Sergio Miguel, Segundo Armando y José Manuel; Oscar Hernández Flores y sus hermanos Carlos y Nelson; Enrique Astudillo Alvarez y sus dos hijos Omar y Ramón; y los cuatro jóvenes Miguel Brant, Iván Ordóñez, José Herrera y Manuel Navarro fueron detenidos en Octubre de 1973 por Carabineros de la Tenencia de Isla de Maipo, a cargo en ese entonces, del teniente Lautaro Castro Mendoza. Ahí, en la Tenencia, fue la última vez que se vio con vida a los quince hombres, cuyas edades fluctuaban entre los 17 y 51 años.

Los familiares, quienes realizaron innumerables gestiones de búsqueda sin obtener resultados, sólo supieron de la suerte que corrieron sus seres queridos en 1978, cuando los restos de los quince hombres fueron hallados en los hornos de las abandonadas minas de cal en Lonquén.







PRIMERA PROTESTA NACIONAL - MAYO 1983


La oposición gana fuerza

La primera Protesta Nacional, ocurrida el 11 de Mayo de 1983, fue el resultado de un creciente proceso de resistencia contra el régimen, y dio origen a una serie de jornadas de protestas que duraron hasta 1986.

A comienzos de 1978, ex miembros del Congreso - organizados desde 1974 en el "Círculo de Ex Parlamentarios" - y el Proyecto de Desarrollo Nacional (Proden), una amplia coalición política, comienzan una serie de reuniones nocturnas, sostenidas con extrema precaución, con el objeto de esbozar un plan para derrotar al régimen.

En Marzo de 1983, se crea la Alianza Democrática, coalición política que fijo la salida de Pinochet como condición fundamental para lograr un acuerdo nacional. Al mismo tiempo, los sindicatos volvían a organizarse lentamente, en especial, en las minas cupríferas, base de la economía chilena.

En 1982, la estabilidad económica que el país había conocido anteriormente se fragmenta. La inflación se elevaba por sobre un 20 por ciento, el desempleo era del orden del 24 por ciento a lo largo del país y en algunas regiones alcanzaba hasta el 40 por ciento. El peso chileno por su parte, se devaluaba drásticamente. Diversos sectores de la economía chilena, desde el gran empresario hasta los habitantes de las poblaciones de Santiago, estaban siendo afectados por el colapso económico. En el año 1983, esta situación obligó a los miembros de la Junta a sostener negociaciones con 40 bancos con el fin de detener el descalabro económico en que se encontraba el país.

Los opositores al régimen decidieron que había llegado el momento de poner en evidencia el descontento generalizado y de levantar las demandas sectoriales.

La primera Protesta Nacional, convocada principalmente por la Confederación de Trabajadores del Cobre (CTC) y apoyada por grupos de la oposición política, sorprendió al gobierno y a sus propios organizadores por su magnitud y diversidad. Para asegurarse de hacer una convocatoria lo más amplia posible, el llamado no hacía demandas específicas sino que solamente decía: "Ha llegado la hora de pararse y decir: Ya Basta".

El 11 de Mayo de 1983 comenzó como un día común y corriente, tal vez con menos tráfico en Santiago. Muchas familias no mandaron sus hijos al colegio, mientras grupos de trabajadores protestaban demorando o deteniendo definitivamente el trabajo. Hacia el mediodía, en centros universitarios y en los alrededores de la Corte Suprema, se daba lugar a protestas esporádicas.

Pero no fue sino a las 20:00 horas que la ciudad comenzó a temblar con el tocar de las cacerolas, no sólo en los sectores populares de las afueras de la ciudad, sino también en los barrios más acomodados de la clase media de Santiago. Cientos de autos, especialmente en las partes adineradas de la capital, formaban atochamientos de tráfico con un constante ruido de bocinazos. Con barricadas ardientes, caravanas de autos y marchas locales, los manifestantes retomaron la ciudad por primera vez después de casi diez años.







Informe De La Comisión Nacional De Verdad y Reconcilicación


Toda la Verdad

La creación de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación, el 25 de abril de 1990, fue una de las primeras resoluciones tomadas por el Presidente Patricio Aylwin en el ámbito de derechos humanos. Marcó un importante paso entre el primer gobierno democrático de transición y el régimen autoritario que rigió Chile durante los 17 años anteriores.

Por decreto del Ministro de Justicia, y para "clarificar toda la verdad acerca de las más graves violaciones a los derechos humanos", se creó esta Comisión de ocho miembros, encabezada por el abogado Raúl Rettig. La creación de la Comisión provocó de inmediato las aprehensiones de las Fuerzas Armadas y de quienes las apoyaban.

Carmen Gloria Quintana y Rodrigo Rojas"Queremos conocer toda la verdad", insistió Sergio Onofre Jarpa, presidente del partido derechista Renovación Nacional y ex Ministro durante el régimen militar. Asimismo, otros partidos de derecha manifestaron sus dudas sobre la capacidad de la Comisión de mantener una "objetividad histórica".

Las primeras tensiones se hicieron evidentes durante el primer mes de existencia de la Comisión, cuando el Mayor del Ejército, General Jorge Ballerino, bajo expresas órdenes de su Comandante en Jefe, Augusto Pinochet, visitó a Rettig para manifestarle la preocupación del Ejército de que el trabajo de la Comisión fuera utilizado por sectores políticos deseosos de desprestigiar a las Fuerzas Armadas y al Ejército en particular. El Ejército además advirtió, a través de Ballerino, que la Comisión podría eventualmente sobrepasar su misión legal al asumir un trabajo que propiamente pertenecía a la Corte.

El nuevo gobierno percibió estas advertencias del Ejército como un cuestionamiento indirecto a la autoridad del presidente de la nación. Aylwin citó al Comandante en jefe a una audiencia en La Moneda para que éste respondiera por su inaceptable intromisión en la esfera política.

Ante esto, Pinochet declaró su voluntad de cooperar, mientras el gobierno reiteró públicamente que la Comisión no tenía poderes judiciales en absoluto, y que entregaría directamente a las cortes los nombres de quienes cometieron violaciones a los derechos humanos.

También expresaron sus dudas los familiares de las víctimas y grupos afines. A su juicio, la decisión de la Comisión de tratar "las más graves violaciones a los derechos humanos" - lo cual abarcaba solamente aquellas violaciones que terminaran en muerte - era demasiado limitado. Sin embargo, la inclusión de la Comisión de los casos de muertes o supuestas muertes a consecuencia de otras violaciones a los derechos humanos, tales como ejecuciones ilegales, tortura y desaparición de personas, apaciguó hasta cierta medida las aprehensiones de este sector.







DE GENERAL AL SENADOR


Visiones Antagónicas

El día 11 de marzo de 1998, el Congreso Nacional sirvió como escenario para otro desencuentro entre las visiones antagónicas que caracterizan al Chile moderno. Por primera vez en la historia del país, un ex dictador juró no sólo como senador, sino también como senador vitalicio. Augusto Pinochet reclamó su puesto permanente en la institución democrática que el mismo clausuró en 1973. Su investidura se realizó en la presencia de ex colaboradores y partidarios pero también ante dirigentes políticos cuya persecución y exilio su régimen llevó a cabo.

Protesta contra Pinochet en el Senado, Congreso Nacional de Valparaíso, 11/3/1998. Foto: Helen Hughes La Constitución de 1980 que elaboró el régimen del ex Jefe del Ejército General (R) Pinochet otorga el puesto de senador vitalicio a los ex presidentes de la nación que hayan cumplido un mandato de un mínimo de seis años. El 11 de marzo de 1998, el único candidato que cumplía con los requisitos era el general en retiro. El ex Presidente Patricio Aylwin cumplió un mandato de sólo cuatro años acorde con la transición a la democracia pactada entre el régimen y algunos sectores de la oposición durante la última etapa de la dictadura. Salvador Allende, el último presidente elegido democráticamente antes de Aylwin, murió en La Moneda entre el bombardeo y las balas del Golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 sin poder terminar su mandato.

Las semanas antes del inicio del nuevo período legislativo del 11 de marzo de 1998, varios representantes de la Concertación intentaron impedir la llegada del General (R) Pinochet al Senado a través de una serie de procesos judiciales. Entre otras cosas, afirmaban que el ex dictador nunca fue presidente electo. Sin embargo, todos los esfuerzos fueron en vano: la Concertación, que había aceptado la senaduría vitalicia como una de las condiciones para la transición a la democracia, cumplió con su parte del trato.








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