(Avenida Grecia 2001, Ñuñoa)
"Cada noche oíamos los gritos de los trabajadores que eran fusilados en la tribuna oriental del Estadio Nacional de Santiago. Al día siguiente, los charcos de sangre eran eliminados con mangueras de agua. Cada día los observadores veían un montón de zapatos que habían llevado puestas las víctimas de la noche anterior."
(Pablo Antillano, periodista venezolano, en el "Morning Star" el 28 de septiembre de 1973, del "Libro Negro", 1974)
Entre el 12 y el 13 de septiembre se habilita el Estadio Nacional, que en definitiva fue el centro de detención más grande que existió en esta región, llegando a tener unos 7.000 detenidos al día 22 de septiembre, según la Cruz Roja Internacional. De ese número, la misma fuente estima que entre 200 a 300 de los recluidos, eran extranjeros de diversas nacionalidades. Este lugar estaba bajo el mando del Ejército, y hasta allí fueron trasladadas personas provenientes de todos los lugares de Santiago, detenidas en circunstancias y con características muy diversas.
Los detenidos en el Estadio Nacional dormían en los camarines y en el salón de la torre, lugares que carecían de camas, con excepción de las dependencias habilitadas para mujeres, que disponían de colchonetas. Algunos organismos internacionales humanitarios, posteriormente donaron frazadas, las que en todo caso fueron evidentemente insuficientes para el alto número de personas privadas de libertad en ese lugar. Los detenidos permanecían en un régimen de incomunicación, por cuanto no estaban autorizadas las visitas de familiares o abogados, y en general de personas provenientes del exterior. A las familias de los prisioneros, sólo se les permitía llevarles vestuario y alimentación.
"Al Estadio Nacional comenzaron a llegar detenidos de todos los puntos cardinales..."
(Lea el testimonio de Alberto Gamboa de su libro "Un Viaje por el Infierno", tomo I, publicado por "La Partida", 1984.)
Las personas pasaban la mayor parte del día sentadas en las graderías del Estadio, por donde se paseaba una persona encapuchada reconociendo a militantes de izquierda, los que eran separados del resto de los detenidos. Años más tarde se logró establecer que ese encapuchado era Juan Muñoz Alarcón, un ex militante del Partido Socialista que colaboró con los servicios de seguridad del régimen militar, abandonándolos en octubre de 1977 cuando concurre a la Vicaría de la Solidaridad a dar su testimonio. El cuerpo sin vida de Muñoz Alarcón fue encontrado en un sitio eriazo en la comuna de La Florida, con múltiples heridas de arma blanca, el 24 de octubre del año 1977.
La tortura y los malos tratos como práctica común hacia los presos recluidos en el Estadio Nacional se ha confirmado a través de los años. Por ejemplo, se sabe que el recinto de primeros auxilios se utilizó para esos fines en algunas oportunidades. También se sabe de simulacros de fusilamiento y otros tratos inhumanos. En general, los detenidos eran sometidos a constantes e intensos interrogatorios.
La Cruz Roja Internacional - en un informe elaborado a partir de varias visitas al Estadio Nacional efectuadas entre septiembre y octubre de 1973 - da cuenta que "diferentes presos se quejaron de malos tratos y de torturas, en el momento de la captura y durante los interrogatorios. Los delegados médicos del Comité Internacional de la Cruz Roja, han podido constatar evidencias de torturas psicológicas y físicas en muchos detenidos".
El Informe Rettig indica que logró formarse convicción de algunas ejecuciones ocurridas al interior del Estadio Nacional, así como de varios casos de personas que encontrándose privadas de libertad en ese lugar, fueron sacadas para darles muerte, como sucedió por ejemplo con los ciudadanos norteamericanos Charles Horman Lazar y Frank Teruggi Bombatch.
La revista Ercilla informó en octubre de 1973, que 3,535 de los más de 5,000 prisioneros que fueron sometidos a interrogatorios en el Estadio Nacional estaban siendo liberados. Otros eran transferidos a diferentes centros de detención. El Coronel Jorge Espinoza, Comandante del campo, les dio la despedida a los prisioneros liberados con estas palabras: "Espero que nos entiendan. Estábamos muy enojados con los que nos obligaron a adoptar esta posición. Eso explica por qué cometimos algunos errores con todos ustedes. Pero la rabia debe ser superada y todos tenemos que volver al trabajo".
("Ercilla" Oct. 17-23 1974 "Estadio Nacional. Masivo retorno a la casa")
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